Este sitio no es más que el grito de protesta de quien perdió la voz criticando a la sociedad.
Espero no perder ahora las huellas dactilares...

martes, 12 de junio de 2012

Cumpleaaaaaaaños feeeeeeeliz….



En este artículo además de invitaros a la reflexión os invito a practicar otro ejercicio en solitario, silencioso, relajante… ¡Eh, esas mentes calenturientas, manos arriba! Hablo de ejercitar la memoria, de echar la vista atrás mirando por la ventana del recuerdo.
¿Recordáis vuestros cumples? Me refiero a la gente que tenga más de veinte años pero menos de ciento treinta. En realidad, me refiero a los que estéis entre los veinte y los ¿cuarenta? ¿Cincuenta?
Por mucho que rebusco en mi memoria tengo que recurrir a las fotos para hacerme una ligera idea de cómo se celebraban y lo que significaban los cumpleaños “antiguamente”. Se celebraban en casa, en un salón con globos de colores pegados por las paredes, una mesa plagada de platos con sándwiches de jamón cocido y queso y de nocilla (de la marca nocilla y no de la que traía mi tía de la marca blanca del Pryca todos los meses), papas y olivas (incluso en una ocasión, a los diez años, un plato de Cheetos, ¡todo un despilfarro!) y dos botellas: una de Fanta de naranja y otra de Pepsi-Cola. 
Por supuesto todo repartido en platos y vasos de plástico, sobre un mantel de papel blanco que pronto se teñía de marrón y naranja por los manotazos despreocupados de los presentes. Y significaba que todos los críos de la calle (a los que habías invitado y también a los que no), las cuatro primas del pueblo y las dos amiguísimas del cole (“sólo dos”, te decía tu madre) acudían a felicitarte con un regalo comprado en la tienda de los veinte duros. ¡Un boli con cuatro puntas! ¡Y un estuche con la cara de Brandon el de Sensación de vivir! ¡Y un balón de plástico! (Qué suerte, pues el último con el que jugamos en la calle al “partido quemao” sigue colado en el balcón de esa vecina huraña que todo el mundo tiene o ha tenido y que nunca abre la puerta haciendo creer a todo el mundo que se trata de una bruja que sólo sale por las noches… montada en una escoba… para merodear en los sueños de los pequeños vecinos miedosos…). Lo cierto es que en la adolescencia se juntaban las amigas, ponían doscientas pesetas cada una (para lo cual tenían que ahorrar durante uno o dos meses según la generosidad de sus pagas semanales) y te compraban una gorra de marca (lo más) o una raqueta de bádminton (que la necesitabas para las clases de Educación Física). Por entonces los vecinos y algunas primas ya no pintaban nada en “tu fiesta”. 
Las fotos confiesan, además de que tu madre, tus tías y tu abuela estaban como focas aunque favorecidísimas con el peinado de los ochenta, que las cortinas del salón eran tan horteras que servían para hacer el traje regional de “ayorinica”, que los colores que combinábamos en la ropa se daban patadas (¡rojo con rosa, prohibido!, ¡marrón con negro, estás loca?), que tu vecino Fulanito, que ahora está como un tren (vamos, que te dejarías atropellar por él) era tan mofletudo como tu abuela y tan barrigón como tu madre después de tres partos, que tu prima Menganita iba toda escayolada (y entonces recuerdas que le empujaste por las escaleras, te sonríes, luego dices, ¡qué hija de puta era! Aunque… ella me mordió en el brazo y hasta me tuvieron que dar puntos…), que la otra primísima vino disfrazada de karateca (en su caso, vestida, pues venía directamente del entrenamiento), que en alguna ocasión la tarta era comprada en lugar de casera y que ponía tu nombre con crema pastelera sobre la cobertura de chocolate… Guaauuuuu.

¿Os suena? Entonces es que sois viejos… Admitidlo, sois viejos. (Sí, yo también, nací en el ochenta, así que ya tengooo ¿veintitrés?)
Ahora es todo mucho más guay, mola todo mucho más, ¿sabes? Porque ahora se invita a toda la clase ¿cómo vas a excluir a ningún crío que luego pueda excluir al tuyo?
Las fiestas de cumpleaños se han convertido en pequeñas “primeras comuniones” con decenas (y digo decenas refiriéndome a más de veinte) de regalos que superan los veinte o treinta euros. Como los críos son pequeños, son las madres o los padres los que se encargan de comprar los regalos y claro… no vas a quedar en ridículo comprándole un balón de fútbol en el Decatlon por cinco euros estando el de la Selección Española con las firmas grabadas de los jugadores por veinticuatro noventa y cinco…
Y como en el salón de casa no caben veinticinco chiquillos y como no quieres que te pongan la casa perdida de mocos, Papadeltas pisoteados y chorretones de Fanta pues… encargas la merienda en un bar o reservas la tarde en una de esas salas de bolas especializadas y te gastas trescientos o cuatrocientos euros (aquí la crisis es como los dulces en Navidad, que no afecta, puro autoconvencimiento, si hace falta le pido el dinero a la yaya) para que tu nene tenga veinticinco regalos, para que los críos no valoren la merienda (que es casi casi a la carta) porque están demasiado ocupados con las bolas, los toboganes y los monigotes que les están pintando en la cara y en las manos (a pesar de la cara de sufrimiento de algunas madres temerosas de que las manchas no salten en la ropa de marca que visten sus chiquillos).
El anfitrión de la fiesta, que cumple nada menos que siete años, se pasa cuarenta y cinco minutos descubriendo regalos sin parar, uno tras otro, sin prestar atención al que abre porque todavía quedan muchos más, esperando.
Y como culmen de la celebración se reparten bolsas individuales de golosinas y pequeños juguetes para todos los asistentes. (Ese día no cena ningún crío, bien por indigestión de golosinas que con el gas de la bebida tienen efecto bomba o por sobredosis de azúcar, ¡a ver quién los duerme!)
¿Os suena? Entonces es que estáis locos. Admitidlo. Habéis entrado en la onda, quién sabe cómo, y no podéis salir.

La sociedad no deja de lanzar lazos, al estilo de los vaqueros de las pelis norteamericanas, y, o te empeñas en escapar (es difícil, dificilísimo, protesta admitida) o tarde o temprano te caza alguno. Y lo peor es que cuando ya te ha cazado un lazo es más fácil caer en las redes que esos jinetes-sociedad tienden sobre todos nosotros para convertirnos en un rebaño y del que van cogiendo cantera continuamente para entrenar a más y más jinetes.

martes, 3 de abril de 2012

Cruce de caminos lleva nuevo vestido

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Cruce de caminos lleva nuevo vestido. Aunque se trata simplemente de una funda que recubre la antigua portada es suficiente para que me atreva a promocionarla por ahí.

Para empezar aquí os dejo una pequeña sinopsis que lo dice todo pero que, en realidad, no dice nada de la historia:

    Una de ellas escogió los colores, otra tomó el pincel y la última preparó un lienzo virgen. Luego posaron para él en un triángulo invisible que unía tres lugares y tres momentos diferentes. El destino, mirándose al espejo e inspirado por sus tres musas, se dibujó a sí mismo con el rostro de la muerte.

A pesar que no ser yo, precisamente, muy devota del destino ni de los caminos predestinados (pues soy de la opinión de Oscar Wilde que dijo en su obra maestra El retrato de Dorian Gray: “El destino no nos envía heraldos. Es demasiado sabio o demasiado cruel para eso.”)  es el destino el protagonista de esta historia.

He de destacar que en Cruce de caminos no hay reflexiones profundas pues la acción se sobrepone a la reflexión. No obstante remarcaré algunos aspectos que invitan a la reflexión como la poca importancia que se da a ciertos aspectos de la vida que son o pueden ser trascendentales a largo plazo: tener hijos antes o después, adoptar un perro caprichosamente, abandonarlo sin pensar en las consecuencias…

Insistiré en los temas que considero primordiales y que definen muy bien Cruce de caminos.
Uno de ellos es la vida en la cárcel y la vida de la gente que está condenada a terminar en la cárcel. El hecho de escribir sobre esto no es más que mi pequeño homenaje a toda esa gente que nace rodeada de barrotes invisibles y que está condenada mucho antes de ingresar en prisión. Y es que conocí a muchas de esas personas durante los tres veranos consecutivos que estuve trabajando en el Centro Penitenciario de Picassent impartiendo cursos para la reinserción social y laboral de los reclusos.

Otro de los temas principales de la novela es la homosexualidad. Confieso sentirme preocupada por las injusticias sociales y sin duda la realidad actual de las tendencias homosexuales sigue siendo preocupante: la gente con sentimientos o deseos hacia personas de su mismo sexo sigue siendo discriminada. Aunque ya se van dando pequeños pasos, como la modificación de algunas leyes, la verdadera batalla está en la calle, está en la gente, está en los prejuicios de la gente. Así, lo único que hago es un guiño, una pequeñísima aportación para contribuir a que se normalice la homosexualidad. La única manera de conseguirlo es hablando de ella de manera natural, para que poco a poco se le pueda caer la etiqueta de tabú que lleva puesta desde hace tanto tiempo.

También la muerte está muy presente en la historia. Se pretende llamar la atención sobre la responsabilidad que tenemos ante ciertas situaciones que, aunque puedan parecernos triviales, pueden ser trascendentales para la vida, y la muerte, de cuantos nos rodean.

Si estáis dispuestos a embarcaros en esta historia aquí os indico dónde podéis conseguir un billete (ánimo, va con “todo incluido”):
-       Diego Marín (Murcia)
-       Librería “Encuentros” (Murcia)
-       ABM Company (Cabezo de Torres)
-       Papelería “El mercado” (Ayora)
-       Imprenta Alvero (Ayora)
-       Yo misma os la puedo hacer llegar por correo o mensajero.
-       También en Amazon, en versión digital.

“Un libro siempre es un buen regalo”.

martes, 8 de febrero de 2011

Ya puedes comprar Cruce de caminos en versión digital

 
Todos los escritores “decimos” que escribimos para nosotros mismos, para sentirnos bien porque necesitamos desahogarnos, porque tenemos la necesidad de contar cosas. Y es verdad pero solo parte de la verdad. Todos los escritores soñamos con que nos lean y ésa es la ilusión que mantiene viva la satisfacción después de tejer cada párrafo, cada capítulo. Es algo así como la chica que viste un vestidito minifaldero en diciembre y calza unos tacones de palmo y dice: “visto así por mí, porque me gusta sentirme guapa”. De acuerdo, pero ¿dentro de tu casa vistes así? Porque hace un frío que pela y esos zapatos necesitan carné de funambulista.
Así, después de haber invertido mucho de mi tiempo (y otras cosas) escribiendo historias, y después de haber enviado mi última obra (última por aquel lejano 2008) a varios concursos me llamaron de uno para comunicarme el premio. ¡Un premio! Pues sí, con la misma fuerza con que me sacudió la noticia el corazón…
-       Que siiiiii, que ya voy….- otra vez mi marido regañándome porque me dejo las puertas abiertas. Se cree que vivimos en la película de “Los otros”. Vale que el amor idealiza pero… a Nicole Kidman no me parezco precisamente. –¡Pesao!
Pues eso, que con la misma intensidad emotiva con que recibí la noticia del premio por Cruce de caminos, se ruborizó mi rostro tras un vuelco de mi corazón al ver la novela publicada justo un año después. Bueno pero te llevaste un buen pellizco con el premio ¿no? Sí, ¿y qué? El mejor premio para un escritor (aunque sea aficionado como yo) no es que te den unos cuantos euros sino ver que tu obra además de publicada, con un formato atrayente, es distribuida. Pues bien, el Premio de Novela Corta Ciudad de Jumilla no cumple ninguno de los sueños de un escritor.
En primer lugar publicaron en un mismo libro la novela ganadora del premio y el conjunto de poesías que también se premia en cada convocatoria. ¿Dónde se ha visto eso? Además, la portada del libro no tiene nada que ver ni con mi novela ni con las poesías de Pedro Javier Martínez Martínez, a quien aprovecho para saludar desde aquí. En la portada aparece una fotografía, no centrada del todo, de San Jorge y el dragón, en la Isla de Malta, donde viajó el secretario de la Biblioteca Municipal de Jumilla y de la cual se debe sentir muy orgulloso para querer inmortalizarla en “el libro de las ilusiones” de otras personas.
El secretario de la Biblioteca me dijo en mayo, que es cuando se otorga el premio, que hasta principios de año, con los nuevos presupuestos, no se gestionaría la publicación del libro, vamos, que no marease en varios meses.

Paralelamente a la espera, la larga espera por ver el libro impreso (de mayo de 2008 a mayo de 2009), encargué a un amigo mío, un pintor tan artista como bohemio, que pintase mi novela en un cuadro para utilizarla como portada y también como decoración para el salón de casa. Así, cuando en Navidad recogí el cuadro en casa de mi amigo Enriq, pensé que no podría encontrar un dibujo más adecuado como portada de mi novela.
En febrero, cuando el secretario de la Biblioteca se puso en contacto conmigo para decirme que iban a empezar a preparar la publicación, le comenté que tenía portada para mi novela, que era de un artista, que no podía no gustarle y que por supuesto, la había pagado yo y que no esperaba que el Ayuntamiento me ayudase, que era mi capricho y parte de la decoración de mi casa.
-       De ninguna manera. Además este año se van a publicar conjuntamente los premios de novela y poesía con lo cual no se puede poner la portada de ninguna de las dos porque sería como discriminar a la otra. – me respondió.
¿Por qué nooooo? ¿Acaso no se podía haber puesto una portada adecuada para  la novela y por el otro lado otra portada para la poesía? ¡Que no es tan complicado!
Pero todavía conservé cierta esperanza de que, aunque no fuese la mejor portada para mi novela, la que eligiesen sería buena. Me equivoqué. Y la prueba está en las librerías del pueblo.

Y en segundo lugar, precisamente eso, que el libro está en las librerías del pueblo y solo allí porque este premio no conlleva distribución alguna. Y puesto que no estoy precisamente orgullosa del libro (del libro, de la novela sí, todavía) no me he molestado en distribuirlo yo misma. Después de la presentación pública que hicimos en el pueblo (convocada, he de ser sincera, antes de haber visto el libro) no he hecho mucho por ella. Pero para eso están los cuñados….

Sí, al igual que tengo la suerte de contar con familiares que me animan y con amigos que analizan y revisan mis escritos, también cuento con la ayuda y las buenas ideas de Emilio Carpio. Quien, desde el principio, me regaló un montón de sugerencias para promocionar la novela. Y con su última idea me ha convencido….

Así, Cruce de caminos está disponible en versión digital en la tienda online Amazon con la portada frustrada que cuelga del salón de mi piso.
La versión digital de Cruce de Caminos de Amazon puede leerse a través de la aplicación gratuita Kindle que se ha desarrollado para diferentes dispositivos como iPhone, iPad, BlackBerry, Android y Windows Phone. Y por supuesto en el lector de libros Kindle de Amazon y en cualquier otro lector de libros digital. La ventaja de hacerlo en un dispositivo Kindle es que recibirás automáticamente cualquier actualización que se haga posteriormente sobre la obra.
Os invito a visitar la página en el enlace https://www.amazon.co.uk/dp/B004M8SSMS donde he dejado una sinopsis y un fragmento de la obra. Tanto si ya la habéis leído como si os aventuráis a hacerlo ahora podéis dejar vuestro comentario en esta página o en la de Amazon.
Gracias por leerme.

Amparo García Barberá

jueves, 18 de noviembre de 2010

Un pasito más, o un pasito menos, hacia la igualdad


Aunque muchos tachan la idea de frívola, yo creo que el hecho de acabar con la primacía del hombre sobre la mujer en otro aspecto más no es asunto baladí. Esta sociedad moderna que presume de progresista no puede permitirse mantener vestigios de ese pasado tan machista que lastra las conciencias (y, sobre todo, las subconsciencias) de todos.
  Hace poco más de un año escribí un artículo que tenía por título “Yoooooo, soy machista porque el mundo me ha hecho asíiiiiiiii” y que cuestionaba los motivos por los que la gente no se plantea las normas sociales actuales arraigadas en la tradición machista. Antes de publicar el texto me robaron el ordenador portátil (malditos hijos de puta) y, con él, dicho artículo. Ahora, aprovechando la noticia con que nos sorprendió el Gobierno la semana pasada no me resisto a reescribirlo.
Hablaba, precisamente, del orden en que los hijos heredan los apellidos. En la sociedad tradicional que precede a la nuestra era lógico que el apellido paterno prevaleciese sobre el materno puesto que las costumbres eran machistas. Lo ilógico era que las costumbres machistas siguiesen vigentes. En fin…
Sin embargo, la sociedad actual, me refiero a quienes hemos nacido bajo la bandera de la Constitución, no puede aceptar sin cuestionar ciertas normas sociales, legales o no, de trasfondo discriminatorio. Aunque no puedo presumir de haber leído la Constitución Española de 1978 entera, sí conozco algunos artículos y dudo que haya alguien en este país que no haya oído nunca “Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social” (artículo 14).
Así, yo daba por hecho que el orden de los apellidos podía ser a libre elección por los padres y hace muchos años que vengo reivindicando el tema convencida de que las leyes vigentes se amparaban en la Constitución. Cuál ha sido mi sorpresa cuando al leer la noticia de la pasada semana al respecto de la propuesta del Gobierno para establecer el orden de los apellidos, he descubierto que fue en 1999, y no antes, cuando se introdujo en el Código Civil la posibilidad de que los padres decidiesen invertir el método tradicional. No obstante, en caso de desacuerdo, seguía y SIGUE prevaleciendo el del padre. ¡Pero qué ignorante soy al obviar una incongruencia más de nuestra moderna Constitución! Necesito una tila, ahora vuelvo.
He sacado el tema de anteponer el apellido materno al paterno con amigos y conocidos en innumerables ocasiones y éstos son sólo algunos de los comentarios que recuerdo:
-       Ah, pero ¿qué se puede? – Esto lo oí tanto de hombres como de mujeres. ¿Acaso alguien se extraña de que un maestro y una maestra cobren lo mismo? ¿O un médico y una médica?
-       ¿Y qué más da?- Pues eso, si da igual…
-       A mi mujer le da igual. – Sí, pero ¿a que no se lo vas a preguntar?- insistí.- Silencio.

Navegando por Internet (mientras se cocían las lentejas) he comprobado que algunos tachan la idea del Gobierno al respecto de ordenar los apellidos de los hijos por orden alfabético de “políticamente correcta” y de “obsesión feminista”. Y yo me pregunto ¿hay algo de malo en que las leyes sean políticamente correctas? ¿Cómo si no deberían ser? Y con respecto a lo de obsesión feminista…. No pretendo dar lecciones a nadie pero… según la Real Academia Española de la Lengua quien no es feminista es machista pues define feminismo como la “doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres”. Y, en su segunda acepción, lo deja todavía más claro definiéndolo como el “movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres”.
Así, quien crea que feministas son sólo las lesbianas o las personas que desean la primacía femenina sobre la masculina o bien es un ignorante, o bien un machista.

Con la nueva Ley de Registro Civil –en trámite parlamentario y que entraría en vigor dentro de dos años- los apellidos de los hijos, si hubiera discrepancia, se impondrían por orden alfabético. Es más, se pondrían por orden alfabético si los padres no expresasen su preferencia.
Ya hay quien dice que, de este modo, los apellidos que comienzan por las postreras letras del abecedario están condenados a desaparecer.
En fin, la propuesta por el Gobierno es sólo una fórmula, como lo es la de lanzar una moneda al aire (ante notario o no) y elegir quien acierte. O como la que consensuamos mi marido y yo hace mucho tiempo en la que uno antepone el apellido y el otro elige el nombre de los hijos. O como la de anteponer el apellido de la madre al del padre durante los próximos siete siglos que es el tiempo que ha permanecido en vigor el modelo tradicional. La idea es conseguir una fórmula no discriminatoria.

Yo considero la propuesta del Gobierno como una excusa para producir el necesario debate social que consiga que TODOS Y TODAS se enteren de que el modelo que antepone el apellido del padre al de la madre es machista. Y quien acepta y asume roles y normas sociales machistas es, consciente o inconscientemente, machista. Por eso dudo que, si llega a aplicarse la fórmula propuesta por el Gobierno, vaya a suponer el ocaso de los apellidos que empiezan por las últimas letras del abecedario. Simplemente porque las parejas debatirán el tema (ahora sí se va a hablar de eso) e irán al Registro Civil con su preferencia por lo que el orden alfabético en raras ocasiones se aplicará.

Amparo García Barberá

martes, 2 de noviembre de 2010

¡Ata tú a tus hijos, mi perro está jugando!


¿A que impresiona incluso como título de un artículo? Pues imagínense escucharlo paseando por un parque cualquiera, lleno de niños, alborotado el ambiente de felicidad, de despreocupación, de alegría contagiosa, que es lo que irradian los chiquillos entre sonrisas, gritos y meriendas de chocolate. En cualquier caso me gustaría aclarar que mi intención era titular este artículo con: “¡Ecuatoriana de mierda, vuelve a tu país!” Pero al parecer, y aunque lo habría subtitulado con “Artículo contra el racismo”, hubiera sido demasiado escandaloso.
En principio pretendía redactar el artículo en primera persona por aquello de no tocar la intimidad de nadie, sobre todo, si se trata de alguien cercano. Pero es obvio que cuando dijera “mis hijos” perdería credibilidad lo que describo y, desde luego, las palabras que a continuación bailan un dirty-dancing, más que pretender, son fiel reflejo de lo que sucedió y de lo que puede estar sucediendo ahora mismo en cualquier rincón de nuestra España querida.
Así, redactaré en tercera persona las trágicas escenas de este suceso confiando en que creerán todas y cada una de las palabras (que tal vez bailen un rap de un grupo neonazi en lugar de un dirty-dancing) pues se ajustan fielmente a la realidad.

Como cada tarde, Sara bajó al parque con sus hijos, Marina y Andrés, pertrechada de triciclo para el crío y de patines para la cría, además de la merienda para ambos. Era temprano, y en el parque sólo estaban los chiquillos de siempre: los que no pegaban ojo a la hora de la siesta. Algunas madres controlaban de reojo a sus hijos mientas leían una revista o cotilleaban con alguna compañera, algunos padres jugaban con sus hijos al balón o al disco volador. Sara se sentó en un banco a descansar, llevaba una semana muy agotadora en el trabajo y sus hijos no le habían dejado descansar después de comer. ¡Queremos pintar! ¡Quiero jugar a las casitas! ¡Se me ha perdido el gormiti! ¿Jugamos a los monstruos? Grrrrrrrrrrrrr.
Sara observaba desde el banco cómo sus hijos subían y bajaban del tobogán, ahora sentados, ahora tumbados, bocabajo, también boca-arriba. ¡Ay, mare, se van a romper la cabeza algún día! En estos pensamientos estaba Sara sumida cuando una pareja de mujeres se sentó en el banco frente al suyo. Parecían madre e hija. La madre podía tener cuarenta años y la hija no más de veinte. Pero no iban solas. Más que acompañadas estaban escoltadas por un pit-bull sin bozal que además paseaba suelto.
Sara, temiendo que el can se acercase a su hija, pues la chiquilla les tenía cierta fobia a los perros, proporcional al tamaño de los mismos, se acercó al banco que ocupaban las mujeres y les dijo obviando la catalogación de la raza del chucho como perro peligroso y la obligatoriedad, por tanto, de llevarlo con bozal y obviando también la prohibición de llevar el perro suelto:
-       Hola, ¿podrían atar al perro? Es que mi hija le tiene miedo.
Las mujeres se miraron y la mayor contestó dulcemente:
-       Ata tú a tus hijos, mi perro está jugando!
-       ¡Ecuatoriana de mierda, vuelve a tu país!- bramó la joven.
-       ¡Mete a tus hijos en una burbuja que no sabes vivir en sociedad! ¡Gilipollas!
-       ¡Hija de puta!
Sara se quedó bloqueada pues no podía entender semejante reacción desproporcionadamente violenta que había ocasionado su cordial sugerencia. Y, de vuelta al banco en el que tenía el triciclo y los patines de sus hijos, oyó a sus espaldas:
-       Y si le da miedo el perro a tu hija, que se joda. ¡Ojalá tuviera el perro la boca más grande para arrancarle la cabeza de un bocao!
-       ¡Qué maleducada!- dijo Sara con intención de que la oyeran.
-       ¡Tu madre!- reprochó la joven tan merecido adjetivo como si se tratase del peor insulto del mundo.
Sara no podía enfrentarse a semejantes perras de presa ni a su can, que por supuesto seguía suelto y sin bozal, porque lo más importante para una madre es la seguridad de sus hijos. Así, llamó a Marina y a Andrés y se fue a otro banco más alejado. Sin pensarlo dos veces, Sara marcó el número de la policía en su teléfono móvil. Diez minutos después (tal vez fue una coincidencia pero es cierto que tardó poco) una pareja de la Policía Local estaba tomando declaración a las “perras de presa” y, aprovechando que había testigos en un banco cercano, también tomó sus nombres y sus declaraciones. Es de remarcar que aquella tarde, la Policía Local no denunció, independientemente de la acusación de Sara, a la pareja de mujeres que llevaba un perro considerado potencialmente peligroso suelto y sin bozal, a pesar de estar legislada expresamente tal prohibición (para los curiosos consultar el Real Decreto 287/2002 de 22 de marzo que desarrolla la Ley 50/1999 de 23 de diciembre).
Sara, con el corazón alborotado por el miedo, la rabia y la impotencia volvió a casa a contarle lo sucedido a su marido.
-       A esto no hay derecho. ¿Y lo han oído todo los nenes? Hay que denunciar.- sentenció.

Sin ánimo de restar crudeza al ataque racista que sufrió Sara aquella tarde, es de remarcar que Sara es tan ecuatoriana como etíope y como vietnamita. Es decir, tan española como la letra eñe.

Pues bien, aquella tarde de 5 de octubre de 2008, Sara y su marido acudieron a la Comisaría a poner una denuncia.

Meses de espera.
Citación en el Juzgado (15 de enero de 2009). Para lo que Sara tuvo que faltar a su trabajo aquella mañana.
Juicio rápido. Sara como denunciante prestó declaración en primer lugar (la jueza o bien se reía de que Sara denunciase un caso así o bien llevaba unas bolas chinas en la entrepierna, pues su tono fue de sorna durante todo el juicio). Posteriormente declararon las denunciadas negando todo lo anterior y presentando una denuncia que habían interpuesto contra Sara (posterior a la suya, obviamente) y en la que acusaban a Sara de lo mismo que Sara a ellas.
Llegado este punto la jueza sugirió:
-       ¿Seguir o no seguir? (Ésa era la cuestión)
Sara decidió continuar con el juicio.
Entonces declararon las dos testigos que habían presenciado la escena en el jardín el día de actos. Al decir la verdad, declaraban a favor de Sara.

Meses de espera.
Sentencia (abril de 2009):
“Que debo absolver y absuelvo a la perra de presa número uno, la perra de presa número dos y a Sara… de los hechos denunciados declarando las costas procesales del oficio”.
“In dubio pro reo”.
Por supuesto la sentencia, de casi cinco folios de palabrejas ininteligibles, rezaba muchas más absurdas conclusiones. Y para no aburrirles con las expresiones extremadamente arcaicas y del todo retorcidas que ofrecía la sentencia, voy a transcribir la traducción que una abogada amiga hizo de la misma.
-       Que, a pesar de que las testigos corroboraron la declaración de Sara, estaba por demostrar que Sara no insultase primero a las dueñas del perro cuando se acercó a ellas provocando la subida de tono de las mismas. Pues eso, “ante la duda, a favor del reo” (in dubio pro reo).
-       Que las costas del juicio corrían a cargo de ambas partes.

Si hiciese una reflexión de lo que acabo de escribir, posiblemente no leyesen nada mío jamás, pues con algunos temas soy profundamente intolerante, precisamente con la intolerancia tengo una guerra abierta. También con el racismo, y con la hipocresía y la manipulación disfrazadas a menudo de “justicia”. Así, les invito a que reflexionen ustedes mismos dejándoles anotadas unas cuantas moralejas:
-       La libertad de uno acaba donde empieza la del otro.
-       Todos somos extranjeros en algún lugar.
-       Los llamados juicios rápidos no son rápidos, aunque puede que la sentencia se decida durante el café de las cuatro.
-       La justicia no existe.

Este artículo también lo puedes leer en el blog:     valledeayoracofrentes.com


Amparo G. Barberá